Tiene cuernos curvos como ganchos de telar y un rostro que nadie describe igual dos veces. Las arañas del bosque son sus agujas; las ratas, sus mensajeras; los muertos que caminan en los sótanos, hilos que olvidó cortar.
Vaelith no persigue a nadie. Espera. Cada paso bajo la seda es un hilo nuevo, y todo hilo, tarde o temprano, vuelve a la mano que hila.
